Seguimos nuestra singladura aquí en EL BOSQUE, compartiendo descubrimientos y joyas del pop actual. Es esta una tarea que, como solemos decir, nos gusta hacerla despacito, con tranquilidad, con mucho mimo y con mucho amor, tomándonos el tiempo que se necesita para degustar cada una de ellas. Nada de atropelladas avalanchas de novedades que nuestros sentidos apenas tienen tiempo de digerir… al fin y al cabo, la música es para disfrutarla.
El disco que hoy os presentamos ve la luz en 2008 y tiene un sabor y una historia especial. Nunca se hubiera publicado como es si el destino hubiera decidido mirar para otro lado. Pero no lo hizo… y sus designios se llevaron acabo.
Robert Forster es, junto a Grant McLennan, el núcleo creativo de uno de los mejores grupo pop de los 80, The Go-Betweens. En 2006, cuando ambos músicos preparaban un nuevo disco para lo que sería la segunda etapa del grupo, Grant McLennan falleció, de repente, en su casa, a los 47 años. Deja ese vacío inexorable que cuesta comprender, que cuesta asimilar aunque sepamos que puede ocurrir, esa impotencia que se debate entre la injusticia y la desolación; ese concepto de “no-existe” que vuelve loca a toda mente que intenta acercarse a él.
Robert Forster, que había compartido muchos años y muchas historias con Grant, tuvo que hacerse a la idea de que forzosamente iba a tener que sacar un nuevo disco en solitario, una expresión nunca mejor utilizada. Quedaron algunas canciones compuestas a medias (tres salen en este disco) y al final se pergeñó The Evangelist, el disco que el destino esquivó, y la verdad es que ha quedado un trabajo enorme, una maravilla que todo aficionado al pop debería escuchar.
El disco tiene momentos sublimes combinados con otros de corte más clásica. Y el final del disco es sobrecogedor, con esa melodía que se nos antoja entre fantasmas y que te envuelve en un halo misterioso, a la vez que delicado.
No sólo debemos verlo como un homenaje. Es cierto que es un disco que sabe mirar al pasado y mezclarse con los fantasmas, pero que también suena totalmente actual y sabe mirar al futuro. Yo veo a un Robert Forster en plena forma, con muchas cosas que decir y se me hacen cortas estas diez soberbias canciones llenas de clase, de sobriedad, de marcado carácter y, en de todas ellas, se desprende un sentimiento que nos enamora.
Si, cosas como esta hacen que merezca la pena buscar, descubrir, sentir y permanecer enganchados a este arte llamado pop.
Después de superar un poco la pequeña resaca que nos ha causado el excelente disco de Beach House, anterioremente comentado, queremos compartir hoy con vosotros nuestro último descubrimiento. Se trata de Annie Clark, quien firma sus trabajos como St. Vincent y su último disco llamado Actor (2009).
Se hace algo difícil describir este disco, pero vamos a meternos dentro de los enormes ojos verdes de Annie y vamos a intentarlo. Lo primero que vemos es que es un paseo por varios estilos, entrelazando una serie de historias muy bien construidas y llenas de exquisitos detalles, ora flotando en el ambiente, ora subterráneos y recónditos; historias que conviven todas ellas dentro de un mundo de arreglos orquestales muy elaborados, a veces un poco cambiantes, pero perfectamente logrados.
El repertorio es abundante y tenemos que estar preparados para los varios giros o vueltas de tuerca a los que vamos a asistir en el transcurso de este viaje. Unas veces tocará más nuestra fibra sensible que otras; es normal, pues sobrevuela distintos paisajes. Pero la sensación general al escuchar el disco es que según avanza va a más, se afianza; el vuelo es cada vez menos accidentado, más suave y apenas se notan ya las turbulencias.
Actor es una bomba sonora que tiene una gran riqueza musical, ya que en ella se dan cita grandes músicos y hay una también una gran producción. Transita por ambientes psicodélicos, viejos aires de jazz, muchos arreglos orquestales, momentos llenos de lirismo, pasajes con toques más ruidosos, e incluso funk quebrado o soul a la deriva. Pero la personalidad y la voz de Annie son el pegamento que da sentido y cohesión a la obra. En general, predominan las buenas melodías bien construidas, que viven muy bien acompañadas por un carrusel de detalles.
Annie Clark denota tener tablas y rodaje, ya que ha formado parte de la banda supernumerosa The Polyphonic Spree y ha participado también en las giras del fastuoso Illinois de Sufjan Stevens, interpretando guitarras, bajos y teclados.
Nos ha sorprendido gratamente este disco y os recomendamos que deshojéis su margarita lentamente, que lo escuchéis antentamente, pieza a pieza, grano a grano. De hecho, por más que lo intentamos, no podemos sacarlo de nuestro reproductor para dar paso al siguiente que tenemos pensado presentaros… habrá que seguir disfrutándolo.
Si no nos prodigamos más aquí en EL BOSQUE es básicamente porque no queremos traeros cosas a la ligera, novedades sin más, sin orden ni concierto. No, no nos importa para nada lo popular que sea un artista o la aceptación general que pueda tener. Aquí nos abstraemos de eso, nada nos dirige, salvo nuestra pasión por el buen pop; si éste hemos de buscarlo debajo de las piedras, nos convertimos en culebras; si hay que subir a las altas montañas, somos ardillas que recorren sus laderas de coníferas…
Queremos que este sea un rincón especial para vosotros, un espacio para compartir, donde juntos poder descubrir discos especiales, que nos conmuevan, que nos transmitan sensaciones, que nos hagan soñar…
No hace falta escuchar el disco que hoy presentamos más de dos veces para darnos cuenta de que estamos ante uno de esos discos especiales, ante un grande de este recién estrenado 2010.
Se llaman Beach House y ya pudimos apreciar en su anterior disco Devotion (2008) que el dúo de Baltimore, formado por la francesa Victoria Legrand y Alex Scally, tenían mucho que decir en el panorama del pop actual. Quedamos fascinados y ya nos hicimos eco de ello en su momento aquíen EL BOSQUE.
Y con este nuevo disco llamado Teen Dream, parecen haber rescatado la esencia, la magia creativa del anterior y han ido más; desaparece un poco la niebla, la melancolía y los pasajes claroscuros. Abandonan ese pop más intimista, de dormitorio, de paseos a solas dejando volar nuestra mente. Aún dentro de los mismos decorados y propuestas escénicas, incluso de las mismas atmósferas, su pop se torna más romántico, luminoso, más optimista, y el grupo se revela con un estilo más personal aún, más carismático y realmente conciben una forma muy personal de hacer pop, un gran pop. Excelente trabajo y elaborado con una fórmula magistral.
Hemos estado escuchando mucho este disco antes de traerlo aquí, a nuestro espacio bosquimano, y la verdad es que cada vez nos convence más. Diez canciones enormes, una a una, y diez canciones que forman un conjunto muy bien ensamblado. Se aprecia que hay mucha sinergia y mucha intimidad creativa en un trabajo que ha sido hecho con un alto grado concentración y aislamiento, pues se encerraron durante más de un mes en una iglesia reconvertida en estudio de grabación, poniéndose en las técnicas manos de Chris Coady (TV On The Radio, Yeah Yeah Yeahs) para grabar las sesiones que conforman este excepcional trabajo.
Podríamos decir que están en su mayor momento de inspiración, pero no sería justo, pues aún no conocemos sus límites…
El nuevo disco de Noah and the Whale se llama The First Days Of Spring y es uno de los mejores discos que hemos escuchado últimamente. Lo habíamos escuchado ya de pasada, pero hasta ahora no habíamos profundizado en él lo suficiente como para darnos cuenta de lo bueno que es.
Y es que hoy día, es tal la cantidad de información que tenemos a nuestro alcance, que quedamos abrumados, no logramos asimilarla convenientemente, obviamos lo que nos parece obviable y, muchas veces, podemos pasar por alto cosas realmente buenas como la que nos ocupa hoy.
El disco tiene una frescura envidiable. En efecto, como esos primeros días de la primavera que indica su título. Con un instinto folk entre épico y campestre, se presenta nostálgico a la par que elegante.
Yo veo el disco con una formación 4-3-4. Me explico. Si analizamos un poco el contenido del mismo, podemos apreciar que está formado por tres partes: la primera y la última con cuatro canciones cada una y, en el medio, una parte central formada por dos temas instrumentales y otro de tipo coral. La primera parte es excelente y ya sólo por eso merece la pena darse una vuelta por esta magna obra. La tercera parte es muy buena también, pero tardas un poco en recolocarte, quizá sea porque sales un poco despistado de la parte central. Este formato te deja un poco fuera de juego en lo que respecta a la visión de conjunto o conceptual que nos pueda quedar de la obra, pero todo eso se arregla y cobra cohesión con unas cuantas escuchas.
Nos encantan los arreglos orquestales, con coro, piano y cuerdas incluidos, con ese aire retro y pastoril tipo finales de los sesenta o primeros setenta.
Una auténtica maraavilla. Pop melódico hasta decir basta, pero no edulcorado; colorido, sutil, lleno de detalles, luz, niebla, pero finalmente luminoso y donde podemos casi visualizar un arroyo primaveral producto del deshielo, discurriendo tortuoso entre los frondosos bosques...
A Camp es un proyecto musical liderado por Nina Persson, la cantante de The Cardigans, esa excelente banda de pop sueca que editó sus trabajos entre 1994 y 2005.
A Camp es un rincón creado por y para Nina, donde ésta puede mostrarse más como ella misma, dentro de un espacio más personal. Deja un poco la etiqueta de cantante de The Cardigans, abandona lo que es su familia de siempre y se dedica un poco más a ella misma, como una adolescente que se va de casa y se independiza. Sabe que sus padres ahí están, pero le apetece una aventura en solitario. Se escapó de casa en 2001 –aunque luego volviera- ni más ni menos que con el genial Mark Linkous (Sparklehorse), quien produjo todo el disco e incluso compuso con Nina alguna de las canciones del disco. Completaba el grupo Niklas Frisk de Atomic Swing, gran compositor, que firma casi todas las canciones junto con la propia Nina Persson.
Con este equipo, en 2001, en un descanso de la carrera de The Cardigans, A Camp editó su primer disco. Un gran trabajo, muy maduro y que tuvo en su momento una gran acogida entre la crítica especializada.
No es que la música parezca tan diferente a la que Nina realiza con The Cardigans, pues ya sólo la personalidad de su voz la puede hacer parecida a primera vista, pero se intuye que la que realiza A Camp no está tan sujeta a unos cánones predeterminados. Se nota, y mucho, la mano de Linkous y se nos antoja una música diferente, atrevida, original, con un aire más personal, más carismático y las canciones se nos hacen menos edulcoradas, menos festivas y joviales que las que ha realizado con su banda madre.
Ahora, en el ya pasado 2009, A Camp ha editado un nuevo disco llamado Colonia. Aquí regresa un poco a los estándares de pop-rock más fresco que realizara con The Cardigans, pero de nuevo nos parece más personal y se denota una gran frescura en las composiciones.
Colonia no ha tenido tan buena acogida como el disco de 2001; se le acusa de ser excesivamente comercial; a nosostros no nos lo parece, sólo que es una apuesta menos arriesgada, pero no es radio-fórmula ni mucho menos... es un conjunto de disfrutables y muy buenas composiciones pop, perfectamente arregladas. Preciosas canciones que nos partían en dos, mientras las escuchábamos preparando el abundante material que hemos seleccionado para esta reseña. A nosotros Colonia nos parece un disco fantástico, dentro de su estilo, lleno de vida -sensación que contagia- y la voz de Nina es fabulosa.
Una apología a la melodía y al buen gusto. No siempre se trata de innovar y de redescubrir “la pólvora musical”. A veces, nos basta con un buen puñado buenas canciones: frescas, bien construidas y muy bien interpretadas. Nos ponemos a vivir dentro de ellas y nos perdemos…
Inauguramos una nueva sección que hemos dado en llamar ElDisCóBoLo.
En ella no tenemos mayor ambición que presentaros un disco, simplemente. Pero eso… ¿no es lo que ya estamos haciendo habitualmente?
En cierto modo si, pero normalmente vamos presentando discos siguiendo el ritmo de la actualidad. Lo que ahora proponemos es desempolvar un disco que para nosotros haya significado algo especial, que nos haya dejado huella, que no podamos olvidar, que nos llevaríamos a una isla desierta… Un disco que queramos compartir, que nos haya parecido totalmente recomendable, sorprendentemente bueno, “imprescindible”, como se puede leer por ahí en los comentarios musicales al uso.
Como regla, no nos vamos a ir mucho más de 10 años hacia atrás; no se trata de sacar aquí viejas glorias –que sin duda las hay y muchas- abarcando el último medio siglo, desde que empezó todo este tinglado de la música popular. Se trata de desempolvar discazos, pero de estos tiempos, de nuestros tiempos.
Además, en esta sección, os invitamos a dejar vuestros comentarios y sugerencias sobre aquellos que son vuestros discos favoritos de la última década.
Y vamos a empezar con un disco del 2001 (aunque reeditado y revisado en 2008) que se llama The Opiates y está firmado por Thomas Feiner, que a veces responde al nombre de AnyWhen e incluso a ambos nombres: Thomas Feiner & Anywhen.
The Opiates es un disco realmente sorprendente, alejado de los hábitos musicales más populares o más al uso. Probablemente no sea lo que estamos acostumbrados a escuchar y por ello no debemos juzgarlo a la ligera; nos tenemos que tomar nuestro tiempo y reservarnos un momento y un espacio tranquilo en el que nos digamos: vamos a saborear este disco, vamos a ver que nos transmite.
Es una música difícilmente definible, aún contando con todo el abanico de etiquetas disponible hoy día (aunque casi nadie distingue bien unas de otras).
Como solemos hacer habitualmente, no entramos en detalles biográficos –podemos encontrarlos fácilmente en la red - pero es curioso ver que no haya trascendido este disco y también que no haya habido discos posteriores de Anywhen desde entonces. ¡Cuántos artistas habrían vivido de las rentas con una obra magna como esta! ¿Un nuevo caso de genio que no puede superar o asimilar su grandeza?
En fin, vamos con la música, que es el tema que nos compete comentar y compartir aquí en EL BOSQUE.
Se diría que la naturaleza de su música es romántica, lírica, algo oscura pero llena de belleza, oscilando entre lo intimo y lo épico, entre lo oscuro y lo claro, entre lo interior y lo exterior y, particularmente, la gravedad emocional de la voz de Thomas Feiner te coge y no te suelta… no puedes zafarte aunque quieras. Te sumerge en paisajes sonoros de alta definición, rebosantes de colores, de matices improbables, impredecibles sin el uso de la fantasía.
El disco comienza con una especie de obertura de cuerdas wagneriana con The Siren Songs que acaba depositando a Thomas Feiner en una tensa especie de balada que pone los pelos “como escarpias” y, a partir de ese momento y sin apenas saber cómo, ya estás atrapado: te preguntas como es posible que algo tan bueno no haya trascendido… Las cuerdas de la Orquesta sinfónica de la radio de Varsovia arropan durante todo el disco la ejecución instrumental y esta colección de canciones, que se suceden plácidamente una tras otra; las melodías juegan a esconderse entre las distintas capas instrumentales, ora se manifiestan con fuerza dramática, ora se tornan suaves y tiernas…
Hay muchos discos que son pura orfebrería pop, obras de arte sonoras, y que merece mucho la pena conocer. Sin duda, este es uno de ellos y aquí, en ElDisCóBoLo, vamos a tratar de presentar aquellos que más nos han gustado.
Si te apetece, estás invitado a compartirlos con nosotros...
Sin duda, junto al ya reseñando de los ingleses The xx.
¿Es incluso uno de los mejores discos de este 2009?
Es un año que nos ha dejado muy buenos discos tocando además varios palos de este arte llamado pop y creemos que es injusto e innecesario hacer una clasificación. Es difícil medir el sentimiento, las sensaciones, los matices y las reflexiones y, por ello, no vamos a hacer aquí ninguna suerte de listas de los mejores del año o similar; para eso ya hay muchos otros foros y pronto estaremos saturados de ver esas listas.
Pero podemos afirmar que The Sleeper , el disco de debut de Leisure Society, por su forma de entender e interpretar el pop, por su concepción, por sus maneras, por su delicadeza, porque quizá tenga una forma de verlo muy similar a la que subyace en nuestra mente, es un disco de los que más nos han gustado este año.
Se trata de un disco con un estilo tremendamente sólido y formado, ya que bebe y sabe interpretar unas bases muy robustas. Como hemos comentado, habrá seguramente discos mejores en este año 2.009, pero pocos lo clavan como este, pocos nos llegan tanto… porque realizan un pop-folk preciosista, despliegan un concepto musical cuidando mucho los detalles, las melodías, las voces, la instrumentación y va mucho en la línea de la concepción musical pop en busca de la canción perfecta que tanto nos gusta.
En general, el disco está impregnado de una especie de pop de cámara con aires folkies que hace parecer sublime lo aparentemente sencillo. Canciones cuidadas hasta el último detalle, asombrosa delicadeza en la composición y gran hechura clásica. Pop a veces pastoral, plácido, de origen campestre; una delicia para los oídos.
Desde luego, merece mucho la pena escuchar este disco. Hay tomas en las que realmente lo clavan y te preguntas cuanto tiempo hacía que no escuchabas temas tan impecables…y cuanto tiempo tardarás en volver a oírlos.
Estamos seguramente ante el que puede ser el mejor debut del año. Y es esperanzador e ilusionante que una banda joven como esta, que está empezando a dar su primeros pasos, lo haga de esta forma tan valiente, contundente, casi osada. Mucho talento musical, oficio y carisma ensamblados, de tal forma que parece un grupo ya veterano, de esos que ya se permiten casi cualquier cosa y que siempre acaban por gustar a sus admiradores.
El debut homónimo de The xx es un disco muy personal y en el que no podemos reconocer fácilmente el estilo. Es un trabajo espontáneo que, en determinados pasajes del mismo, resulta muy adulto y, en otros, resulta más naif o juguetón.
Nos gusta haberlos descubierto, porque nos hace entrever que tenemos mucho futuro pop por delante y que los nuevos grupos, aunque siempre subyacen las lógicas bases históricas y beben en las pertinentes fuentes, tienen ese punto de frescura y nuevas ideas que ofrecer.
El disco parece haber sido compuesto y grabado con una gran libertad para crear, fantasear, imaginar, para dar forma al sonido. Es un gusto el escuchar a artistas como estos que no hacen la música de moda al dictado de determinados patrones destinada a las mayores ventas posibles, sino que dejan volar su imaginación, permiten que salga su espíritu artístico y su música es un reflejo de sus sueños.
Puede ser cierto que, al principio, nos cueste un poco entrar en los escenarios que plantean. Sus canciones parecen habitaciones en penumbra, casi a oscuras, pero… no del todo. Al principio no vemos mucho, pero a medida que se va acomodando la vista, van apareciendo los volúmenes y las formas de un pequeño mundo fantasmal, ingrávido, fantástico. Los colores, inicialmente claros y difuminados, van absorbiendo la luz y van cobrando paulatinamente intensidad; la niebla que nos recibió se va disipando y finalmente nos envuelve una atmósfera emotiva, emocional y muy intimista. Flotamos y empezamos a sentirnos más cómodos…
El disco no se hace en absoluto aburrido, nos envuelven esos frescos y mágicos sonidos, esos toques de shoegazer, esas evocadoras conversaciones entre las voces femeninas y masculinas. Cuando termina, queremos más...
Es sorprendente como se puede conseguir transmitir tantas sensaciones con esta sencillez. Prestemos atención a estos The xx, sin duda una de las mayores y agradables sorpresas musicales que nos hemos llevado en este año 2009.
Al escuchar un nuevo trabajo de un artista que ya conocemos, normalmente esperamos que nos vuelva a sorprender, que haga un disco tan bueno como el anterior, aunque con mayores alardes tecnológicos y más madurez compositiva, pero sin perder un ápice de ese carisma, de ese concepto musical que ese artista nos transmite.
No siempre es así. A veces, el artista realiza un salto evolutivo, se va por otros inesperados derroteros y hace un trabajo donde cambia demasiado de estilo –siempre hablando desde nuestro gusto particular - y rompe con esa magia, ese espacio, ese concepto musical que simbolizaba en nuestra mente. Otras veces, es simplemente que va perdiendo inspiración y trata de volver a hacer lo mismo otra vez; notamos también un menor grado menos de chispa, lo cual lo hace monótono y poco emocional para nuestras expectativas.
No es el caso de The Clientele, que se mantienen fieles a su línea, a su sonido, a su esencia. Cada vez lo hacen mejor, pero no rompen con el concepto musical que tenemos de ellos. ¿Es malo esto? No siempre tiene por qué serlo...
De hecho, no lo esperamos ni deseamos de ellos. Son un oasis de buen pop que apetece escuchar en un momento tranquilo, quizá un domingo por la tarde o en un día de lluvia. Son una de esas bandas de pop elegante y tranquilo que nunca fallan, y este último disco no es una excepción. Y llevan así ya bastante tiempo, firmando como un reloj un excelente disco cada dos años: The Violent Hour (2003), Strange Geometry (2005) y God Save The Clientele (2007) y ahora este magnífico Bonfires on the Heath.(2009).
Sonido humilde, elegante, sin pretensiones. Maestros del matiz, de la nostalgia, dueños de la gota de lluvia que se escurre lentamente por el cristal empañado de la ventana de tu habitación. Transmiten sensaciones tranquilas, que no grises, escenas que se iluminan constantemente con el resplandor de unos arreglos perfectos, de una voz pausada pero melódica y de unas guitarras que lloran.
The Clientele son un auténtico seguro de vida; representan la calidad, la confianza y la fidelidad dentro de nuestro panorama pop, cualidades estas que deben ser valoradas en su justa medida.
Os dejamos con unos vídeos representativos de su propuesta musical. Son para degustar y escuchar tranquilamente, sin prisas ni juicios preconcebidos, fijándose en lo bien construidas que están sus canciones, con esos maravillosos toques de psicodelia, perspectiva estético-musical y puro pop.
El Perro del Mar, nuestro invitado de hoy, es el castellano nombre con el que firma sus discos la sueca Sarah Assbring. Hace tiempo que teníamos ganas de hablaros de este fascinante proyecto musical. Os contamos su historia...
Dicen que encontró su inspiración en las islas Canarias, donde estaba descansando unos días. Sarah se encontraba meditando, tumbada en la playa, escuchando el musical sonido de las olas, esperando quizá que las ideas afloraran en su mente, cuando apareció un perro que paseaba solitario junto a la orilla del mar y que se le acercaba. Reparó que sus huellas eran borradas por el mar, como si quisiera ocultar su procedencia.
Tuvo la sensación de que el perro había aparecido de súbito, pues no había reparado en que figura alguna estuviera acercándose. Se sintió atraída, se acercó a él y le acarició, parecía perdido y su mirada era triste; dicen que el perro le susurró un mágico secreto al oído y una extraña sensación invadió su espíritu. Continuó mirando al mar hasta que anocheció.
Se levantó y se fue al viejo estudio que había alquilado y que había abandonado hacía unas horas, aburrida, sin ideas, sin apenas fuerzas, para dar un paseo por aquellas paradisíacas playas en busca de alguna inspiración.
Cogió su guitarra y se puso a componer, las ideas ahora fluían y así empezó a surgir un trabajo maravilloso, cual fue aquel disco homónimo de debut del Perro del Mar (2006).
Dicen que cada tarde se paseaba por la playa y allí se aparecía de nuevo ese perro. A ella le gustaba pasear junto a él, libremente, uno al lado del otro. Su compañía le hacía sentir bien. En ocasiones, ella se paraba, le acariciaba, se acercaba a su cabeza y parecía como si el perro algo le susurrara...
Dicen que, desde entonces, aún puede verse al atardecer a un perro solitario en esa playa, andando, jugando, correteando por la arena… Pero, a medida que tratas de acercarte a él, su figura se desvanece.
En 2008 editó su segundo trabajo From The Valley To The Stars y este trabajo nos decepcionó un poco. Las canciones estaban bien construidas y en la línea de las anteriores, pero no era lo mismo: les faltaba la magia de aquellas...
En el capítulo de sensaciones subjetivas que nos transmite la música de El Perro del Mar podemos hablar de elicadez. sensibilidad, frescura evocadora, espontaneidad y de esa pequeña sensación de insatisfacción finalmente colmada, esa ingenua morbidez, esa ternura incauta.
Y ahora, Sarah Assbring, parece haber reencontrado a su perro. Dicen que ha vuelto al lugar de aquel encuentro, a aquella playa. Y cuentan que, una tarde, cuando ya se ponía el sol, comenzó a ver en lontananza su difuminada figura que, mientras se aproximaba a ella, se iba lentamente formando.
Era el perro... Si, si, lo era, y estaba allí junto a ella. Sarah alargó la mano para tocarle y pudo notar la humedad del mar en su tupido pelaje. Lo abrazó, lo estrechó contra sí y, de nuevo, una fuerte sensación invadió su mente; cerró los ojos, una lágrima escapó con violencia para después derramarse lentamente por su mejilla, muy despacio, como jugando a hacer un dibujo…
Cuando abrió los ojos, el perro ya no estaba… Se enjugó los ojos, los cerró de nuevo y los volvió a abrir: no había nada. Miró por todas partes, pero en aquella solitaria playa sólo estaban ella, las dunas que se entrelazaban en la arena y el mar, colmado de espumosas crestas que se deshacían inexorablemente contra la orilla: una tras otra, otra tras una, sin aparente inicio ni fin…
Un poco asustada, pero interiormente llena de vida, empezó a caminar cada vez más rápido, hundiendo sus pies en la arena, pero sus pasos parecían pesar más que nunca. Su cuerpo pesaba, pero su mente volaba.
Era noche cerrada ya cuando estaba de regreso en su estudio. De nuevo aquel viejo estudio donde se pergeñó su primer disco. Su mente estaba llena, su corazón radiante, su espíritu parecía querer salir de su envoltura… poco a poco fueron emanando las notas de Love Is Not Pop (2009), un mini-disco de tan sólo 7 canciones que es, hasta la fecha, su último trabajo.
El Perro del Mar ha vuelto y se ha reencarnado de nuevo para todos nosotros. Disfrutadlo.
Os descubrimos a otro de los grandes discos de este año. Se llama Before You Left y está firmado con el nombre de At Swim Two Birds, como el título de la primera novela de Brian 0’Nolan (1939), dato que por supuesto desconocíamos totalmente, no vayamos a hacernos aquí los eruditos… Pero para eso tenemos las poderosas armas que la red nos ofrece y que, sin ellas, ya nada sería igual; de tal guisa, que ya casi no recordamos cómo nos podíamos apañar cuando –no hace demasiado tiempo- no disponíamos de ellas…
Dejemos las filosofías y modos de la vida actual y vayamos con nuestro invitado de hoy. At Swin Two Birds es el nombre con el que firma sus proyectos en solitario Roger Quigley, cantante del excelente dúo de Manchester The Montgolfier Brothers, el que forma con Mark Tranmer. Algún día os los presentaremos por aquí porque tienen verdaderas joyas musicales que todo aficionado al buen pop debería conocer.
No vamos a extendernos aquí con aburridos datos biográficos sobre Roger Quigley, nuestro personaje de hoy. Tenemos a nuestra disposición la red –de nuevo la red- si queremos indagarlos. Pero os podemos recomendar tanto los tres discos que The Montgolfier Brothers llevan editados, como los dos anteriores trabajos de At Swim Two Birds, a saber: Quigley’s Point (2003) y Returning to the Scene of the Crime... (2007). Y ahora, vamos con lo que más nos toca dentro y con lo que nos despierta sensaciones: su música.
Before You Left (2009), como todos los trabajos anteriormente mencionados, es un disco para escucharlo despacio y con tranquilidad. Nada de atropellados viajes con ruido en el metro o por la calle, nada de carreras apresuradas marcadas por las prisas que se exigen en los apretados guiones que escribe la sociedad actual; no, al menos, hasta que lo hayamos interiorizado.
At Swim Two Birds impresiona por la tranquilidad de su música, que en general es de tempo lento, pero que nos arrastra inexorablemente al abismo sentimental que emana de ella. Before You Left no aburre, como pudiera parecer en un principio, si nos logramos meter dentro del mismo. Va creciendo con las repetidas escuchas, a medida que vamos asimilando la riqueza de sus detalles y la de sus textos.
La música, el sonido y el ambiente que consiguen es tremendamente personal. Pura poesía escondida bajo el otoñal paraguas que nos protege del viento y de la lluvia, meteoros que incluso se dejan escuchar literalmente en el disco, como interludio o transición entre algunas canciones. Nos relaja y nos encanta… quizá también influidos por nuestra avidez de otoño, que en nuestros tiempos parece haber desaparecido.
Las composiciones están muy trabajadas y muy bien instrumentadas, con sabor a vinilo, creando unas perfectas atmósferas que acuden en el preciso instante para envolver a esas guitarras ondulantes, entrelazadas y, por encima de todo ello, surge una susurrante, desnuda y preciosa voz masculina que nos arropa y nos narra un cuento en la noche.
No perdamos la ocasión de sosegar, de tranquilizar por un momento nuestra agitada vida cotidiana; desconectar unos minutos, relajarnos, dejarnos llevar y degustar la suave miel que nos ofrece esta música.