Estamos en 2003. Una nueva banda hace su debut. El disco se llama Lesser Matters y, de entrada, ya nos quedamos mirando con curiosidad su llamativa y algo extraña portada.
Podemos leer que los autores se hacen llamar algo así como The Radio Dept. (con un punto al final).
Nos ponemos a escucharlo y, de repente, una cascada de sonidos trepidantes y electrizantes nos abofetea la cara y nos descoloca un poco. Sin embargo, y a pesar del ímpetu desplegado, la música es bonita, intuitiva y se hace querer poco a poco. Se nos empieza a pegar a la piel y sentimos la necesidad de volverla a escuchar.
Poco a poco, su música logra enamorarnos. Descubrimos sus melodías y secretos, escarbando para ello en su externa capa compuesta por algo de ruido, niebla y motas de polvo. Predominan los samples, efectos y ritmos que se adivinan programados; los sintetizadores y teclados atmosféricos están por todas partes, pero también hay una buena base de distorsión de guitarras. Un gran regusto doméstico se deja entrever, a pesar de lo enrarecido del ambiente. En el fondo de ese panorama, entre esa densa niebla, flotan, se adivinan y sobreviven las melodías que al final son las reinas de la noche y fluye de ellas un aire melancólico que hace totalmente respirable esa atmósfera.
Ya hemos comentado en otras ocasiones que las etiquetas musicales son subjetivas e inventadas, pero nos sirven un poco a modo de referencia. Podemos hablar en este caso de la predominancia de algo llamado sohegazer, pero con dream-pop, shynt-pop, e incluso algo de punk, camuflados.
Después de aquel Lesser Matters, The Radio Dept. continuaron en esa misma o similar línea, haciendo buenos discos, aunque sin la sorpresa inicial: Pet Grief (2006) y ahora Clinging To a Scheme (2010).
Su música sigue siendo un batiburrillo de influencias, entre las que se nos vienen a la mente: Field Mice, Jeus and Mary Chain, Felt, The Cure, Pet Shop Boys, Joy Division, My Bloody Valentine, OMD, New Order, Trembling Blue Stars, Pixies, Slowdive…
Pero esto solo a nivel de cultura general y, como siempre decimos, lo mejor es ponerse manos a lo obra y sacar nuestras propias conclusiones. A lo mejor descubrimos algo que nos encanta y nos llevamos esa sorpresa y esa “bofetada” musical que recibimos nosotros cuando los descubrimos allá por 2003.
Por si las 69 canciones de amor no fueron suficientes, os dejamos hoy con Communication, una bonita canción que Nina Persson interpreta con The Cardigans y que se encargará de rematarnos. Una verdadera joya.
Amor, amistad, en cualquier variante... tomemos unas dosis de esta medicina. Seguro que nos vamos a sentir mejor. No te pierdas, conéctate.
Y os dejamos también con el tema Slow, con el que queremos realizar un pequeño tributo a Nina Persson, una impresionante y carismática artista sueca, que ha escrito unas hermosas páginas en la historia del pop, realmente tremendas y emocionantes, capaces de despertar a un muerto y que todo amante del pop no debería ignorar, trabajando especialmente con The Cardigans o en su proyecto A Camp y también colaborando con otras bandas, como Sparklehorse o Manic Street Preachers.
Volvemos con una nueva entrega en nuestra joven sección llamada ElDisCóBoLo, donde nos proponemos desempolvar discos -no excesivamente antiguos- que para nosotros hayan significado algo especial, que nos hayan dejado huella, que no podamos olvidar o que nos llevaríamos a una isla desierta… Y nuestro invitado de hoy sería, sin lugar a dudas, uno de ellos: 69 Love Songs, por The Magnetic Fields.
The Magnetic Fields es una banda neoyorquina encabezada por el compositor y cantante Stephin Merritt, sin lugar a dudas uno de los mejores compositores que ha dado el panorama pop en los últimos 15 años. Le acompañó desde siempre su amiga Claudia Gonson (percusión , piano, voz) y cierran la formación Sam Davol (violonchelo) y John Woo (banjo y guitarra).
Stephin Merritt ha estado trabajando en varios proyectos, pero no nos vamos a perder aquí en los muchos datos biográficos o discográficos que fácilmente vais a poder encontrar en la red. Nos basta con despertaros el gusanillo por la obra de este gran artista.
69 Love Songs. 1999. Terminaba uno de los siglos más significativos y, a la vez, más violentos de la humanidad. Llegada es la hora de predicar amor. Sin complejos. Disco triple: 23 canciones en cada uno. Su obra cumbre, la unánimemente más aclamada y uno de los mejores discos pop de todos los tiempos. 69 canciones de amor en las que el artista intenta comprender todos los ritmos, todos los estilos, todas las perspectivas y todas las temáticas posibles en el ámbito de las melodías amorosas. La luz de cada canción atraviesa un prisma distinto cada vez y, siempre se descompone en el espectro de colores del amor, de cualquier índole, pues el amor está en todas partes si queremos verlo.
Un proyecto tremendamente ambicioso como pocos artistas tienen la facultad de poder acometer con la solvencia con la que lo hace Stephin Merritt (quizá sólo Sufjan Stevens tiene esa capacidad).
Una obra que, en contra de lo que pudiera parecer, no llega a aburrir a pesar de ser tan extensa; cada tema es una poesía, una pincelada, una evocación, una bocanada de aire fresco y, lo mejor de todo, una sorpresa. Las canciones pasan: una, otra…diez, quince…sesenta y nueve; y no te das apenas cuenta, no te aburres y es que todas tienen algo. Casi todas son buenas y, algunas, una joya.
Prepárate a abrir tu mente y a viajar por el espacio sideral del sonido artesano, hecho con delicadeza, con amor, porque las canciones no están especialmente recargadas y son aparentemente simples, como hechas en casa. La grave, afinada y bien modulada voz de Stephen se alterna sutilmente con las interpretaciones de Claudia Gonson y con las de varios otros vocalistas invitados, que dan vida a determinados temas.
Hay una gran variedad de instrumentación por doquier: ukelele, banjo, acordeón, violonchelo, mandolina, piano, flauta, xilófono, y varios instrumentos de percusión, además de los usuales sintetizadores, guitarras y efectos. Elementos todos ellos, junto con las alternativas de las voces, los que hacen que la obra pueda ir avanzando inexorablemente sin aburrirnos y que estemos esperando con expectación e ilusión cada nueva canción.
Canciones largas, cortas, lentas, rápidas, destellos de electricidad, canciones acústicas, ritmos latinos, jazz ebrio y experimentos vocales. Toda una exhibición de talento.
En un mundo como el que vivimos, donde a veces todo se nos presenta tan materialista, tan mediatizado, tan político, tan corrupto o tan deshumanizado, Stephen Merritt nos devuelve un poco de confianza en la humanidad; nos muestra de lo que es capaz el ser humano a través del arte y además nos cuenta que todo es amor y que, sea en primer o en segundo plano, siempre ha de estar presente en nuestras vidas, como lo está en estas 69 canciones, desde la primera hasta la última.
Deja que esta maravillosa colección de canciones sean la banda sonora de tu vida por unos días, déjalas ser tus compañeras, déjalas entrar y permite que se inmiscuyan en aquellos proyectos que acometas.
En los últimos días andamos cautivados por la voz y la personalidad de Elizabeth Ziman y también por su amplio abanico musical. Lo escuchamos una y otra vez y no nos cansamos. Tras un primer EP editado en 2006, Elizabeth & The Catapult –que así se llama su proyecto musical junto a Pete Lalish y Danny Molad- han editado un gran disco llamado Taller Children (2009) y que es nuestro invitado de hoy.
Elizabeth & The Catapult nos visitan desde Brooklyn y su música combina elementos de jazz, pop y texturas acústicas. Tienen un sonido excelente y suenan perfectamente cohesionados, como si el proyecto llevara mucho más tiempo de rodaje. Como hemos dicho, cuentan con un repertorio amplio, que tan pronto te rompe en dos un tema lento, como te hace saltar de la silla con un tema de corte más rítmico o desenfadado.
Es ese tipo de pop juguetón con una introspección adulta, concepto de entender la música que tanto nos gusta por aquí en EL BOSQUE. El disco ha sido producido en su mayor parte por Mike Mogis, productor de Bright Eyes, M. Ward y Rilo Kiley, entre otros. Ahí es nada.
Taller Children (niños grandes). Si, niños grandes. El ser humano, siempre se ve insatisfecho y siempre añora lo que no tiene; anhela ser adulto para que nadie más tome las decisiones por él y, al crecer, añora volver a ser niño para evadir responsabilidades y poder hacer de la vida un juego. Queremos ser grandes, sin dejar de ser niños, y es que la etapa infantil y la de preadolescencia es muy larga en el ser humano, a diferencia de en otras especies, y eso deja sus secuelas.
La imaginación, la fantasía de los niños, que gran tesoro, que primor… Que pena que muchos adultos la pierden y muchas veces injustamente llamamos “niños” a aquellos que la conservan y la exteriorizan en demasía. No nos damos cuenta de lo “aburridos” que podemos resultar muchas veces los “mayores”.
Hay algo en la expresión, en la mirada de Elizabeth que nos cae bien, que transmite confianza, nobleza, sinceridad, algo que nos hace sentir paz… Confiamos en ella, y en su música, y no nos vamos a plantear más filosofías, tan sólo vamos a disfrutar con la música de Elizabeth & The Catapult, que seguro que es también lo que ellos quieren.
Estábamos escribiendo la siguiente reseña para compartirla aquí en nuestro espacio habitual en EL BOSQUE cuando, navegando por ahí, nos hemos topado con este maravilloso concierto en el excelente programa Morning Becomes Eclecticde la KCRW, la emisora de radio por Internet del Santa Monica College, en Los Angeles, California. Cuantos buenos ratos hemos pasado escuchando este programa de la KCRW, que periódicamente emite conciertos de bandas actuales con un sonido totalmente excepcional.
Aunque muchas veces los artistas presentan versiones minimalistas de sus temas en este tipo de conciertos, Camera Obscura acudieron al programa con prácticamente todas sus armas y realizan una interpretación extraordinaria de muchos de los grandes temas de su último disco My Maudlin Career(2009).
Este es el cartel que desplegaron, incluida la entrevista:
1. Intro 2. Swans 3. Honey in the Sun 4. Forest and Sands 5. Interview 6. French Navy 7. James 8. Tougher Than the Rest 13. Outro 14. You Tell a Lie
Ya nos despachamos a gusto en su momento sobre este disco en particular y sobre Camara Obscura en general hace poco más de un año y, ya entonces, no dejamos lugar a dudas de que se trata de una de nuestras bandas favoritas, de nuestros buques insignia aquí en EL BOSQUE.
Eighties Fan, aquella tierna canción casi-perfecta que nos sorprendía a todos en aquel 2001...que delicia. Parece mentira que hayan pasado ya casi diez años.
Tracy Campbell, aquella tierna jovencita con aspecto inocente que surgía entre de entre las sábanas, ocultando sus ojos azules bajo el celuloide en blanco y negro, la cantaba a las mil maravillas, esa voz tan dulce, tan personal… Si, 10 años y ahí sigue, siendo una de las mejores compositoras e intérpretes de lo que llevamos de siglo y, lamentablemente, todavía habrá quien no la conozca.
Pero aquí está EL BOSQUE DEL POP al rescate, como superhéroe que cruza los cielos para salvarla, como barco que surca los mares en busca de tesoros…Hoy no nos hemos podido resistir a traeros a esta gema que os ayude a endulzar vuestras vidas.
Que maravilla. Disfrutadlo…
¡Como envidio a quién no conozca aún a Camera Obscura y los descubra ahora…!
Hoy tenemos con nosotros a Lucky Soul, una banda que ya nos deslumbró en 2007 con aquel fantástico The Great Unwanted. Ya teníamos ganas de presentarlos por aquí.
Lucky Soul es un quinteto de Greenwich (Inglaterra) y combina a la perfección la energía y luminosidad del pop con las vibraciones del soul, produciendo una mezcla que resulta totalmente adictiva, explosiva, y a la par, deliciosa.
Melodía, inspiración, elegancia y frescura están a la orden del día en sus composiciones. Que manera de dar en la diana una y otra vez, canción a canción. Nos quedamos impactados con esa habilidad de hacer parecer obvio y sencillo lo que no lo es tanto, con esa forma natural de resultar tan convincente.
Sencillez, inmediatez; canciones que lo dicen todo en dos o tres minutos; acordes sencillos y estribillo inolvidable; canciones que parece que hayamos oído antes por la obviedad que desprenden; canciones que nos resultan totalmente familiares. Parece fácil, pero no lo es tanto.
Pop clásico y resplandeciente, perfecto para estos coloridos días de primavera que ya se hacen notar, tratado con delicadeza, con encanto, como el que nos transmite la cantante Ali Howard, que se erige como integrante principal, pero es que detrás tenemos a una notable banda, en la queAndrew Laidlaw es el alma compositiva.
Canciones en blanco y negro, canciones en color...
Si queremos hacernos un poco idea de cómo es su música, cabría decir que tiene dos vertientes principales: por un lado, la de los grupos vocales de los sesenta, con sus coros, arreglos y excelentes melodías elaboradas hasta casi la perfección y, por otro, ese soul tipo Motown, que despliegan bandas como The Supremes.
Y ahora nos llegan con A Coming Of Age, el segundo álbum de nuestros Lucky Soul, donde vuelven a mostrar su puntería melódica, su habilidad con los arreglos y su facilidad para fabricar hits. Lleno de luces y también de contraluces; lleno de matices, pero uniforme; redondo, disfrutable y con el gran carácter de siempre: habilidad y agilidad para contactar con el oyente.
Dicen que con este disco, Lucky Soul alcanza su mayoría de edad. No creo que sea tanto así, ellos ya nacieron maduros, con tablas, con arte, con el clasicismo metido en sus venas y, a la vez, con ese sonido totalmente juvenil y fresco.
En definitiva, totalmente disfrutables, maravillosos y con una fórmula que funciona a la perfección: o te mueves sin quererlo con su ritmo o te hacen llorar con sus melodías evocadoras. Con Lucky Soul, podemos pasar fácilmente de la risa al llanto, como auténticos niños...
Por fin podemos recibir la visita en el EL BOSQUE de una de nuestras bandas de pop favoritas de estos últimos años. Se trata de los suecos de francés nombre Sambassadeur.
Como curiosidad, decir que deben su nombre a que son fanáticos de Serge Gainsbourg y lo han sacado de una de sus canciones: ‘Les sambassadeurs’.
La música de esta banda es muy variada dentro del marco pop y, como tendréis ocasión de apreciar si investigáis un poco su obra, ha tocado varios palos y es capaz de transmitir muchas sensaciones.
En general, se desprende ese aroma lo-fi de las bandas que comienzan grabando maquetas en sus casas con precarios medios, guarecidos del frío y lluvioso clima nórdico, lo que se deja entrever en sus canciones, sobre todo en la primera etapa.
Es el genuino sabor del pop, en estado puro, y que surge de las ideas, de los intercambios, de los desvelos de noches sin dormir, de la complicidad de una sonrisa, de un gesto, de un abrazo, de los arrugados vasos de plástico desperdigados por ahí, de los papeles arrancados, de las largas charlas hasta el amanecer, de las camas sin hacer, de la niebla dentro y fuera de la habitación…
Ilusiones que se apagan y se encienden como vela mecida por el viento, sueños rotos, noches oscuras con ráfagas de luz, con atisbos de esperanza...
Fluyen los arreglos de guitarra, manan las bases e ideas electrónicas que las tecnologías actuales –por caseras que sean- ponen al alcance de los avezados jóvenes músicos y cuando hay talento, cuando hay ideas, se construyen grandes canciones.
Seguramente habrán muchas bandas que tratan de empezar así este arduo camino y tras una serie de conciertos, y un buen número de maquetas enviadas a discográficas, llega una compañía como Labrador y se interesa por ellos. Si se consigue algo así, se ha dado el primer gran paso. Es una especie de darwinaniana selección natural llevada al terreno de lo musical.
La música que hace Sambassadeur ante todo transmite ilusión, alegría, esperanza. Es música que yo disfruto mucho si viajo en tren mirando por la ventana el rápido discurrir de los árboles, las casas, los puentes, las nubes…O si voy andando por las calles a paso acelerado con una meta en la cabeza…es, en fin, una música que inyecta dentro de ti las convenientes dosis de alegría y decisión para llegar a los destinos que te marcas; surcas los mares o vuelas hacia ellos, con los ojos humedecidos por la emoción.
Y después de los aclamados Sambassadeur (2005) y Migration (2007), regresan ahora con European, su tercer disco, y es un trabajo aún más extrovertido. Se les ve seguros de si mismos, con un sonido ya consolidado, del que sigue emanando esa alegría por llegar a una meta, esa emoción que te invade ante una emocionante melodía, bien aderezada y pertrechada por grandes arreglos y texturas orquestales, adornadas por la carismática y sugerente voz de Anna Persson.
Lo importante es que consiguen crear estados de ánimo y transmiten muchas emociones, que es en definitiva lo que todo arte pretende. Sambassadeur ha alcanzado su madurez, es un regalo pop y creo que es el momento de que lo acojáis en vuestro reproductor musical.
Nos gusta mucho el pop en todas sus variantes y nos encanta su mestizaje con casi cualquier otra disciplina o estilo musical, tal como vamos proponiendo en nuestras periódicas reseñas aquí en EL BOSQUE, donde además tratamos de dar a conocer tesoros y joyas ocultas que vamos descubriendo y que queremos compartir con vosotros.
Pero si nos ponemos puristas, uno de nuestros estilos favoritos estaría sin duda muy bien representado por una canción como Excuses, la canción que abre el nuevo álbum de unos tales The Morning Benders y que se llama Big Echo.
Podemos deleitarnos con ella en el vídeo que hemos colocado al final de esta reseña, donde además hacen una interpretación muy especial de ella, reuniendo músicos de cuerda, un coro y algún que otro músico más o menos ilustre como Chris Owens de Girls o John Vanderslice y tocando todos juntos en un estudio, formando una gran banda que han llamado la Echo Chamber Orchestra, al estilo de las grabaciones que Phil Spector hacía en los años 60 o también podemos intuir a Brian Wilson dirigiendo a sus “boys” en alguna de sus sinfonías-pop o…al estilo de quien espera la visita del Sargento Peppers o…bueno, creo que ya es más que suficiente.
Que maravilla de canción y que gran trabajo con la instrumentación y los juegos de voces. Y aunque aquí no lo parezca, estamos en 2010 y se siguen haciendo tesoros como estos.
Pero...¿quién son estos The Morning Benders?
Son de San Francisco y cuentan que Chris Chu comenzó en el año 2005 como un proyecto en solitario, grabando sus canciones con un micrófono y un ordenador portátil. Pero las ideas iban fluyendo y aquello fue a más, se reclutaron más músicos con el propósito de formar una banda de pop-rock y queda finalmente formada por el propio Chris Chu (voz y guitarra), Julian Harmon (batería), Timothy Or(bajo) y Jonathan Chu (guitarra y teclados y hermano del primero).
Grabaron unos iniciales EPs, un disco de versiones, y mientras preparaban lo que iba a ser su primer disco: Talking Trhough Tin Cans (2008). Reminiscencias a pop-rock clásico de siempre; por ejemplo Kinks si miramos atrás, o unos The Shins si miramos hacia delante a una banda actual.
Pero he aquí que se fija en ellos Chris Tylor, de Grizzly Bear, una banda bastante conocida y respetada en el mundillo independiente y muy en la onda del pop-psicodélico y del cavernoso rock experimental. Chris Tylor participa en la producción del nuevo disco Big Echo.
Y en esa línea va el nuevo disco, el más lo-fi y sencillo pop-rock de su primer disco se torna más complejo, más elaborado, más cavernoso (si), más psicodélico (también) y con una mayor creación de atmósferas. Algo cambia, algo evoluciona, y la acogida del disco en Internet parece bastante buena.
Es un disco con un estilo muy marcado y que no es tan fácil de escuchar como pueda parecer cuando escuchas las tres primeras canciones. Pero os recomendamos que lo escuchéis con tranquilidad, con placer, con tiempo, con ganas de degustar poco a poco y veréis como surgen los detalles y la hermosura.
Hemos estado escuchando intensamente en los últimos días una enorme colección de canciones firmadas por She & Him bajo el título de Volume Two. Las escuchamos una y otra vez, y van perfectas con estos primeros días cálidos que esta tímida primavera empieza a presentarnos, aún intercalados con pequeños repuntes o amagos otoñales.
Ya nos enamoramos en su día de aquel Volumen One que editaron en 2008 y ahora vuelven con una segunda entrega en una línea similar, luego nuestras expectativas eran altas y para nada se han visto defraudadas.
Hoy nos visitan She & Him, el dúo formado por ese pedazo de músico llamado Matt Ward y por la cantante, compositora y guapa actriz Zooey Deschanel.
Matt (bajo el nombre de M. Ward) tiene una larga trayectoria musical a sus espaldas y es gran compositor, además de un excelente guitarrista. Tiene discos de enorme calidad: Transdfiguration of Vincent, Transitor Radio, Post-war o el reciente Hold-Time que edito el pasado año 2009. Os animamos a indagar en su discografía...
Matt aquí trabaja detrás de cámaras, creando la estructura de las canciones, los riffs de guitarra, los arreglos y revistiéndolas con un traje de corte pop-rock-folk engañosamente simple, en un marco de tipo clásico, pero que suenan alucinantemente frescas y atemporales.
Y Zooey Deschanel –también actriz, como decimos- aquí realiza uno de sus mejores papeles; su talento es exquisito y muestra una gran destreza, a la par que dulzura y encanto.
Esta combinación es tremenda y no suena a colaboración casual; las canciones adquieren un tinte muy fresco, directo, edulcorado –sin empalagar- y te hacen sonreír sin saber por qué. Son perfectas si estás enamorado, pero también lo son si no estás pasando por tus mejores momentos; te ayudarán a ver la vida de otro color, con su sonido alegre y ensoñador.
Además, entre las varias perlas del disco, nos encontramos con una versión del Gonna Get Along Without You Now de Skeeter Davis, con la que ya te quedas bastante prendado, y además clavan otra versión de New Rhythm and Blues Quartet (NRBQ), Ridin' in my car. Ya lo hiceron en su Volumen One. Nos encantan sus versiones, no son para nada pegotes en el disco ni tampoco son protagonistas del mismo.
No nos cansamos de escuchar a She & Him. Os aconsejamos que os hagáis con los dos volúmenes (One y Two) y que permitáis que os invadan un poco, que entren en vosotros y sean vuestra banda sonora por unos días.
Lo que nos gusta de este arte llamado pop es que puede tomarse la licencia de flirtear con diversos mundos, diversos estilos y salir airoso de la experiencia. Al pop le hace bien el mestizaje, la mezcla con otras músicas y, si el artista sabe trasmitir, la mezcla resulta muy convincente.
Con rock, con el funk, con el soul, con la psicodelia, con lo electrónico, con el folk o, como en el caso de la artista que nos ocupa hoy, con el jazz. Vamos a degustar juntos esta vez una auténtica píldora jazz. Ya veréis como os gusta la experiencia…
Nos visita hoy Nellie McKay y, aunque algunos no la conozcáis, ya es una artista consolidada, con cuatro discos a su espalda, desde aquel gran trabajo Get Away From Me allá por 2004.
Quizá no sepáis que en la reciente película P.S. I love you (2007), Nellie interpreta a la hermana de la protagonista y, como no podía ser de otra manera, ha compuesto un tema para la película. Y también hemos podido escuchar su música en capítulos de las series Anatomía de Grey y Weeds.
Este último disco llamado Normal as Blueberry Pie: A Tribute To Doris Day (2009) es ya el cuarto de esta fantástica cantante, actriz y defensora activa de los animales. Es un tributo a su admirada cantante, actriz y también defensora de los animales Doris Day.
Las canciones de Nellie suenan enormemente personales, con ese aire de jazz vocal sobre el piano, ese optimismo descarado, rápido, sin aparente esfuerzo, esa voz hipnotizante, adaptable a una gran variedad de sonidos.
"Las personas que más van a necesitar este disco son las cínicas, Doris Day es tal bocanada de aire fresco... ¡no hay nada de malo en la belleza!",comenta Nellie McKay.
Sentimos, desde hace tiempo, una gran debilidad por Nellie McKay. A pesar de lo que pueda parecer en estos vídeos que proponemos, es más jazz que pop. No, no hemos pasado a ser el BOSQUE DEL JAZZ, pero es para nosotros un gran placer presentar, acercar a la gente que no la conozca, a esta gran artista y a esta gran persona.
Como reseñábamosen su día, ya nos llamó bastante la atención el primer disco de The Bird and the Bee (2007), nuestros invitados de hoy aquí en EL BOSQUE.
Sin embargo, este nuevo disco está mucho más refinado y es definitivamente un paso adelante. Se nota como han crecido las composiciones y la voz de Inara George sigue siendo ensoñadora. Lleva por nombre Ray Guns Are Not Just the Future y vió la luz el pasado año 2009.
Segundo disco, pues, del dúo The Bird And The Bee, formado por la Inara George y Greg Kurstin. Al igual que en su debut, su repertorio muestra influencias varios tipos: pop 60’s, psicodelia, pop barroco, sunshine pop, etc. Y, aunque no del todo (ni lo deseamos) deja un poco ese aire juguetón o naif, porque sus composiciones se tornan más adultas, más serias, más consistentes.
La voz sedosa, cautivadora; el cuidado en los arreglos y el preciosismo melódico con tonos luminosos son características del disco. Encontramos auténticas delicias pop que nos extasían, alternadas por otros temas no de tan alto nivel, pero en ningún caso de relleno o aburridos.
El disco en general es de un animado pop sofisticado, con muchos toques electrónicos, que cruza el cabaret con trazos robóticos o con el lounge -esa variación del jazz que presenta ritmos sensuales y desprovistos de una instrumentación recargada- o con armonías vocales o con pasajes más basados en sinuosos ritmos.
Hay muchos afectos altamente refinados y delicados en su propuesta pop. Hay también mucha magia y mucha ciencia-ficción en el ambiente. Pero es menester buscar los detalles, la belleza de su instrumentación, la atmósfera creada, la voz, sin dejar que la electrónica invada nuestro espacio vital para degustar las melodías.
Por cierto, el sonido del disco es fabuloso y hará las delicias de nuestro equipo de música.
Puede que 14 canciones sean muchas y quizá la cosa hubiera estado mejor con unas 11 ó 12, pero la verdad es que precisamente en el tramo final del disco hay grandes canciones que te dejan un regusto fabuloso y que hace crecer aún más el cómputo global del disco.
La reacción inmediata es querer volver a escucharlo una vez más… disfrútalo.