Y seguimos con la nueva, y creo que sana costumbre, de presentar grandes canciones de siempre, canciones que nos han marcado o que han significado algo especial para nosotros. Puede que a muchos les choque esta nueva variante o enfoque de EL BOSQUE y que, cuando siempre hemos estado en el presente, retrocedamos tantos años atrás.
Esta vez nos vamos nada menos que al año 1969. El mundo pop-rock acababa de reventar con todos sus colores, en todo su esplendor y con toda su expresión. En aquel cielo, innumerables estrellas brillaban con luz propia mientras que otras, que nacían entonces, lo harían en breve. Y Allí había un grupo llamado King Crimson y un disco enorme: In the Court of the Crimson King. Es uno de esos discos que, como los viejos amigos, aunque pasen muchos años sin escucharlo, sé que está ahí... y que siempre podré volver a él.
Increíble mezcla de psicodelia, jazz, rock y lírica. El disco tenía grandes temas y se cerraba con este memorable Epitah. Cuando, en su día, escuché por primera vez esta canción me quedé impresionado y sólo acerté a balbucear: ¿...dónde has estado todo este tiempo?
Nuestro visitante de hoy es un grupo realmente muy infravalorado e injustamente desconocido en del panorama pop: The Rosebuds. Los descubrimos cuando acababan de editar su segundo trabajo, aquel fantástico Birds Make Good Neighbors (2005), nos llamó la atención su personal forma de entender el pop y, desde entonces, no les hemos perdido la pista. Night of the Furies (2007) fue un ensayo de corte más disco, pero Life Like (2008) vuelve a retomar la senda pop-rock y es altamente recomendable, un gran disco (cuanto más lo escucho, más me gusta) que no debéis perderos.
Grandes discos y, sobre todo, grandes canciones, pero no es hasta ahora que hemos podido invitarlos a venir a poblar nuestro BOSQUE. Llevaban ya un tiempo entre las hojas que el viento arremolina junto a nuestra puerta y, por fin hoy, la hemos recogido.
The Rosebuds no son nuevos, llevan ya 10 años produciendo, madurando y ofreciéndonos muy buena música que, tristemente, ha pasado bastante desapercibida. Sin embargo, nosotros esperamos que te gusten, que te conquisten. Si lo hacen mínimamente, estaremos muy satisfechos. Queremos que sea una de esas joyas que puedas contar que has conocido gracias a nuestro BOSQUE.
Aunque rodeados de distintos músicos, la parte troncal de la banda siempre ha sido la pareja norteamericana de Carolina del Norte formada Ivan Howard y Kelly Crisp, que forjaron este proyecto allá en 2001.
La música que podemos escuchar en su último disco, esa gema llamada Loud Planes Fly Low (2011), tiene, una vez vista a la luz del sol, un brillo de color verde, como dicen que es la esperanza.
Un sonido que se nos antoja como clásico, de corte setentero-ochentero, pero con una producción muy actual. Es un pop muy elaborado, bien construido; grandes arreglos de cuerda, de teclados, ritmos variados, bajos marcados con cierto aire disco; texturas, guitarras reverberadas y coros provenientes de aguas cuya profundidad se desconoce. The Rosebuds son ese tipo de músicos que son capaces de crear una atmósfera muy personal y particular para cada canción con el fin de que ésta la habite y se desenvuelva en ella.
A mí, personalmente, aparte de las reseñadas atmósferas que crean, lo que más me gusta es el espectro de matices que me infunden los coros y las voces, usadas como un instrumento más; me hacen sentir un cierto aroma melancólico –quizá a veces de rodeado de un halo de misterio- aunque la canción no sea lenta en sí misma. Por otro lado, tienen otras canciones que te hacen vibrar, que transmiten alegría, ritmo y ganas de vivir.
En fin, un collage de sensaciones… Y además, nos encanta compartirlas contigo.
Os dejamos con algo de material para que lo escuchéis y podáis haceros una idea de la propuesta musical de estos artistas.
Allá por 2006 proliferaban los blogs musicales por doquier y nosotros –que los degustábamos con fruición- aún soñábamos con poder algún día crear algo así y expresar a través de él nuestros propios gustos musicales, tan imbricados a nuestras emociones, a nuestros sentimientos, a nuestro día a día…. Soñábamos con tener un medio propio para descubrir y describir, para imaginar y escribir, para compartir nuestros encontrados tesoros musicales con personas con similar afinidad musical que -pensábamos entonces y ahora estamos seguros- tendrían que existir... podrían estar escondidas debajo de las piedras, pero llegaríamos a ellas, allá donde estuvieran.
Aprendimos que las mismas piedras también pueden hablar si las rociamos con la melodía perfecta que sólo ellas pueden oír. Observamos también como un hilo de viento puede arrastrar a una hoja de nuestro bosque con un mensaje impregnado en ella; y sabemos que muchas de nuestras hojas ahora han forjado pequeños arbustos en distintos lugares del mundo que nunca llegaremos a imaginar.
Cuando las primeras ideas para hacer nuestro blog emanaban de nuestra mente, una banda llamada Beirut pululaba por todos ellos y un disco, Gulag Orkestar (2006) con un sonido tremendamente original pegaba con fuerza en el panorama del pop independiente. Muy seguidamente, el grupo editaba The Flying Club Cup (2007), nueva jugada maestra en la misma línea y, sin demasiados cambios en su estilo, volvían a sorprendernos con otro golazo. 2-0 y sin apenas habernos dado tiempo para colocarnos en el campo de juego.
Mucho hemos tardado, sin embargo, en traerlos aquí a nuestro BOSQUE y quizá la explicación más sencilla sea que nosotros empezábamos nuestra singladura en 2008 y Beirut ya no ha editado otro nuevo disco hasta el pasado 2011.
Pues aquí los tenemos con su nuevo disco The Rip Tide (2011). Siguen si abandonar su estilo ya clásico made in Beirut y, de nuevo, Zach Condon (que así se llama el joven líder del grupo) ha vuelto a hacer nuestras delicias con su estilo personalísimo y diferenciador. Difícil de hacer, pues le precedían dos discos excepcionales, sumamente respetados por la crítica más especializada y yo diría que el público en general. Seguro que has tenido que escuchar a Beirut en algún momento, incluso si no los conocías por su nombre.
Si, por fin nuevo disco; 33 nuevos minutos y nada de reinvenciones, lo que quizá para algunos pueda ser un problema pero no para Beirut. Deseábamos escuchar a los Beirut de siempre, a los que nos alegraban con esa orquestación disfrutable, optimista, soleada y esa sorpresiva cantidad y variedad de instrumentos (he leído que Zach tiene como meta aprender a tocar un nuevo instrumento cada mes…) que incorporan a sus composiciones. Sonidos inspirados muchas vences en las distintas músicas de las que se impregna el amigo Zach en sus viajes por el mundo.
¿Barroquismo pop? No lo creo, porque sus canciones resultan sencillas, ligeras y divertidas a pesar de todo el despliegue instrumental. Una mente prodigiosa en cuyo interior cabe toda una orquesta. Injusto sería que te pasaran desapercibidos…
Aquí os dejamos con algunas canciones de este gran The Rip Tide, para las escuchéis mientras trabajáis o hacéis cualquier otra cosa:
Después de aquel maravilloso The Sleeper (2009), con el que debutaron y con el que se metieron a toda la crítica en el bolsillo, la banda de Nick Hemming, The Leisure Society, vuelve de nuevo con su segundo trabajo Into the Murky Water (2011).
Un disco de pop delicioso y uno de los mejores que hemos escuchado en el pasado año. The Leisure Society vuelven a hacer nuestras delicias desde allende los bosques, con un pop de aire festivo, optimista y alegre, pastoral, sutil, delicado; otoñal o primaveral, según nuestro estado de ánimo, pero destilando grandes canciones pop en todo caso.
Como siempre aconsejamos, no tengamos prisa; vayamos grano a grano, tratando de escuchar lo bueno que en cada canción se nos quiere transmitir. Abandonemos las prisas; de nada sirve alamcenar ingentes cantidades de canciones o de discos y necesitar después diez vidas para poderlos escuchar todos. De nada sirve ir corriendo y pasar de puntillas por todo en la vida, sólo porque otras cosas “estén esperando”. Si así procedemos, nos daremos cuenta al final de que no hemos disfrutado de lo que teníamos en ese momento a nuestro alcance.
Flauta, mandolina, ukelele, cuerdas, bajos marcados y guitarras pop-folk dan forma a la base instrumental característica del sonido de esta banda. Grandes melodías y arreglos que se nos antojan realizados con una gran delicadeza y sensibilidad, con gran oficio, sabiendo lo que se hace, lo que se quiere conseguir. Este nuevo disco no es muy distinto del anterior por lo que el factor sorpresa disminuye, pero eso no es óbice para que podamos estar hablando de un disco totalmente recomendable a todos los amantes del pop.
Uno de nuestros favoritos discos puramente pop del año y uno de los que más han sonado sin césar en nuestro reproductor, acompañándonos como banda sonora en muchos de los últimos momentos de nuestra vida.
Disfrutadlo. Apuntémonos por un momento en esta "Sociedad del Ocio"…
Al hilo de la entrega anterior, andaba yo pensando en algunas de las mejores canciones que haya escuchado nunca y la verdad es que hay tantas y tan buenas – también tantos momentos o contextos distintos en los que puede apetecerte escuchar una u otra- que se hace muy difícil escoger.
Envuelto en un río de pensamientos encadenados, veo flotar en sus caudalosas aguas decenas de troncos etiquetados con los nombres de distintas canciones; de forma paulatina e in-crescendo empezaron a aflorar en mi mente las notas y los arreglos orquestales de Blackout, un tema que siempre me ha fascinado. Los autores, una banda llamada Muse.
Sin duda una de las mejores canciones que he escuchado en la última década... Quedo sin aliento y el flujo de pensamientos continúa sin darme apenas tregua, cuando un nuevo tronco se acerca flotando hacía mi posición; poco a poco puedo leer con claridad su leyenda: Unintented. Vaya, también una canción de Muse…
Si os parece, lo mejor es que las escuchemos antes de seguir:
Muse. Por supuesto, no descubrimos nada. Actualmente son una banda sobradamente conocida en el panorama musical y, como todas las grandes estrellas, despierta odios y pasiones; hay opiniones diversas sobre su propuesta musical, cambiantes según donde busques o a quien le preguntes. Resulta lógico, al ser un fenómeno de masas, muy popular y siempre en los mejores festivales. No, no es el artista habitual que tengamos que descubrir ahora aquí en EL BOSQUE.
Sin embargo (seguimos enredados en nuestros pensamientos), quien haya compuesto estas dos canciones que acabamos de escuchar, sin duda tiene que tener ser un genio. No puedo quitármelas de la cabeza. No sólo son preciosas, sino que están muy bien construidas y mejor interpretadas. Esto no lo hace cualquiera…
De modo que decidimos darnos una vuelta por la discografía de Muse. En algún tiempo anterior lo habíamos intentado, pero no habíamos terminado de congratularnos con su música. Así pues, nos ponemos de nuevo en marcha y os contamos los resultados de nuestra experiencia.
Nuestra opinión es que ha merecido la pena la travesía realizada bajo las aguas del río que nos trajo flotando a Muse. Pero os recomendamos que os deis un paseo con tranquilidad, sin prisas, sin hacer valoraciones prematuras, sin escuchar “trocitos” o canciones sueltas y sin hacer juicios apresurados.
A veces resultan desconcertantes o se vuelven demasiado barrocos, grandilocuentes, o abusan de esos excesos guitarreros, de los épicos “estribillos rock” o “subidones” con cierto toque comercial. Pero no, no nos vamos a quedar esta vez en eso.
Muchas de las canciones tenemos que escucharlas enteras porque tienen vida propia, llenas de cambios o inesperados desenlaces. Y unas cosas nos van a gustar mucho y, otras, no tanto. Pero seguro que, si contrastamos opiniones, van a ser diferentes nuestras canciones favoritas de Muse.
Adelante. Abandonamos la superficie de nuestro río imaginario y, a bordo de nuestro submarino, decretamos inmersión total en su música. Vamos a descubrir que tienen temas maravillosos, muy bien construidos y de una gran madurez compositiva, al alcance de muy pocos, buscando un sonido directo pero imposible, conceptual pero no aburrido. Hay que admitirlo, estamos probablemente ante una de las mejores bandas del mundo e intuyo que aún tienen mucho que entregar. Y Mr. Bellamy es un auténtico genio, un gran compositor y genial intérprete, no cabe duda.
Los tres integrantes del grupo son excelentes músicos, se notan sus tablas en los escenarios y lo bien que suenan tanto en estudio como en directo. Os voy a poner un vídeo donde interpretan el reseñado Blackout en el Wembley Stadium y veréis la gran puesta en escena y el magnífico sonido que despliegan:
No vamos a repasar en este espacio la discografía de Muse, para eso ya tenemos Internet y no tiene sentido repetir, cortar y pegar (ese vicio que tanto abunda en la información difundida a través de la Red). Preferimos mejor tansmitir y plasmar sensaciones, tratar de comunicar sentimientos, percepciones y opiniones que puedan ayudar a divulgar o contribuir a acercaros la música que más nos gusta, con sinceridad y cariño, y eso es lo tratamos siempre de reflejar preponderantemente en este espacio. Lo sabéis los viejos amigos de EL BOSQUE.
Queremos concluir diciendo que su último disco The Resistance (2009), a pesar de no haber recibido muy buenas críticas en algunos portales musicales de Internet, nos ha sorprendido gratamente.
Juegan con una gran variedad de estilos, es tremendamente ambicioso, arriesgado y creo que es un disco que no se ha comprendido bien debido a su inopinada diversidad y quizás también a que la gente esperaba que siguiera en la línea anterior repleta de rock-hits, tal como la exhibieron en su anterior trabajo Black Holes o Revelatioins (2006), mucho más homogéneo.
En cambio, en este The Resistence han hecho un poco lo que les ha dado la gana: han jugueteado con el rock y el pop, con la electrónica; han experimentado con coros y puentes a lo Freddy Mercury, fragmentos de piano de Chopin o riffs de piano que parecen inspirados en clásicos como Rachmaninov o Schubert, ofreciéndonos además ese final con una pieza cuasi-sinfónica llamada Exogénesis (Partes 1, 2 y 3), que a muchos habrá desconcertado. Si, estamos ante un prolífico compositor, ante un gran disco y que nos abre la esperanza de que, dentro de Muse hay todavía una gran veta musical por explotar y que tiene que darnos muy buenos momentos.
United States Of Eurasia (+ Collateral Damage)
I Belong To You (+ Mon Ceur S'ouvre A Ta Voix)
Exogenesis Symphony Part 3 (Redeption)
Endlessly
Los tres primeros temas pertenecen al comentado disco The Resistence, mientras que el último está dentro del disco Absolution (2003), donde también está el reseñado Blackout.
Por último, os vamos a dejar un único enlace, porque aquí están recopilados todos los más importantes, además de todo tipo de información histórica, biográfica, bibliográfica o de referencia que podemos querer consultar para conocer mejor a nuestros protagonistas de hoy.
Aunque hasta ahora no ha sido habitual en nuestro espacio (puede que adoptemos a partir de ahora esta sana costumbre), os vamos a dejar con una sola canción.
No tenemos por menos que rendirnos ante las inmensas canciones, el talento y la gran voz -enorme voz- de Adele. Dos discos lleva editados esta joven artista que titula sus trabajos según su edad y en 2011 nos deleitaba con este hermosísimo 21.
Si, portentosa voz, rebosante de matices y unas canciones realmente hermosas en su base pero que, cantadas por ella, tienen una riqueza infinita, llenan de luz toda oscuridad y ni la más leve poenumbra se atreve a asomarse.
Adele Laurie Blue Adkins (Londres, 1988) con sus cuerdas vocales es capaz de viajar con todo el poderío que se necesita de la balada romántica más pop al soul –terreno donde se encuentra más ubicada- con algunas incursiones jazzísticas, con todo el aplomo y con toda la convicción del mundo. Una gran artista.
Mientras recopilamos más novedades de lo mejor de este 2011, os vamos ha dejar con una de esas joyas ocultas que nos gastamos por aquí de vez en cuando. Os presentamos a The Duckworth Lewis Method.
Se trata de un disco de 2009, por lo que es bastante reciente. Es un proyecto formado por Neil Hannon -de nuestros adorados The Divine Comedy- y por su socio y compatriota irlandés Thomas Walsh.
Parecería que esto pudiera ser una aventura, un divertimento o alguna suerte de “rarities” para los más fans del amigo Neil, pero nada de eso… escuchadlo con interés, sin ideas preconcebidas, tema a tema y vais a comprobar realmente es un disco de pop enorme y es que parece que todo lo que toca Mr. Hannon lo convierte en oro.
Sin duda estamos ante una de las bandas más emblemáticas, respetadas y con más personalidad dentro del panorama pop-rock alternativo, ese campo donde encontramos tantas cosas que nos gustan, el mismo que no entendemos como no es más conocido y en el que tanto nos gusta transitar, descubrir y compartir para que tú lo conozcas mejor y lo disfrutes, porque hay joyas como esta que ningún aficionado al pop debería perderse.
Hablamos de Death Cab For Cutie, grandes señores del pop desde inicios de este siglo, gracias a verdaderos discazos como ‘The Photo Album’ (2001) o ‘Transatlanticism’ (2003). Posteriormente pasan a una multinacional para editar nuevos grandes discos como ‘Plans’ (2005) y ‘Narrow Stairs‘ (2008), del que ya nos hacíamos eco en su día aquí en EL BOSQUE.
Ben Gibard es un tremendo y carismático músico, con una forma de interpretar totalmente identificable. Gibbard no es sólo un gran compositor sino que crece en cada disco como arreglista, experimentador y como buscador de las posibilidades que ofrece un estudio musical.
Paralelamente, en 2003, participó en un proyecto de corte electrónico con el productor Jimmy Tamborello que se dió en llamar The Postal Service. Hicieron un disco que se llamó Give Up y que fue uno de los grandes del año. Incluso se dice que la discográfica que lo editó (Sub Pop) no vendía tanto desde la época en la que Nirvana lanzase su disco de debut también en esta misma compañía.
Death Cab For Cutie tiene claramente una orientación más pop–rock y que a nosotros nos gusta más. Álbum tras álbum se superan las composiciones frescas y directas y la banda hace enormes discos y grandes temas avalan su trayectoria. Os recomendamos encarecidamente que, si tenéis un ratito, os hagáis un viaje a través de su discografía.
Y en esteCodes and Keys (2011) no se quedan atrás. Verdaderamente, el disco es una auténtica maravilla y no sé cómo hemos podido tardar tanto en traerlo por aquí. Habrá quien piense que no supera discos pasados como 'Transatlanticism’ (considerada su obra maestra), pero no es menester lapidarse buscando comparaciones o volviendo la vista atrás.
Disfrutemos este disco Codes and Keys, es realmente tremendo y tiene un sonido increíble, marca de la casa. Nosotros no nos cansamos de oírlo, de explorar todos sus rincones, sus propuestas y siempre encontramos sorpresas.
Herman Düne es el típico grupo que dicho así, según suena, nadie parece conocer, pero que una vez indagas en su música, empiezas a ver que realmente sí que has escuchado muchas de sus canciones, sólo que no sabías que eran ellos los autores.
Está formado por los hermanos David- Ivar y Néman Herman Düne, tras la marcha del otro hermano André Herman Düne (que siguió en solitario bajo el nombre de Stanley Brinks) y que inexplicablemente se llevó la diéresis de la “u” de Düne. Sin embargo, nosotros hemos preferido seguirles denominando en su forma clásica con los dos puntitos sobre la “u”, porque así los vas a encontrar mayoritariamente si buscas más referencias de la banda por la red.
La historia de Herman Düne es un poco confusa y cuanto más lees sobre ellos más te puedes liar según las fuentes consultadas.
Por si tenéis curiosidad, a continuación van los datos que hemos encontrado sobre la saga Düne. El guitarrista y cantante David-Ivar formó junto a su hermano André el grupo hace más de diez años, pero la sonada salida de éste en 2006 (ahora Stanley Brinks), con la comentada pérdida de la diéresis en el nombre incluida, convirtió el trío de hermanos en dúo... formación que se mantiene en la actualidad. La nacionalidad de cada uno de los hermanos ha generado mucha confusión con el origen del grupo ya que David-Ivar nació en Suecia y Néman en Suiza pero, definitivamente, el dúo quiere a todos los efectos considerarse parisino, aunque durante una época se les sitúa residiendo en NY. En fin, no solemos hacer biografías de los músicos que nos visitan, que sobradamente se pueden encontrar en Internet, pero el caso de los Düne es especialmente enrevesado y ya era un poco por cabezonería. Incluso, he llegado a leer que realmente no son hermanos… ¿Alguien puede aclarar más datos sobre el tema o indicarnos si losque hemos expuesto están en lo cierto?
Bueno, vamos con la música y con las canciones, que es lo nuestro. Su estilo es muy reconocible y, cuando los oyes la primera vez, enseguida crees haberlos oído antes. Y probablemente sea cierto, pues ya llevan al menos once años en el mercado y tienen un montón de discos y de hits. Sin ir más lejos el pegadizo I Wish That I Could See You Soon, cuya música suena en el anuncio de una cerveza popular.
Sonoro éxito. Sin embargo sus canciones no pueden ser más normales, con una instrumentación bastante clásica, basándose en guitarras (limpias, sin distorsión), bajo, batería y la muy personal, optimista y peculiar voz de David-Ivar. Muchos de sus temas con ese sello de identidad que les da ese toque de ukelele, o las percusiones con cierto aire tropical.
En esta última entrega llamada Strange Moosic (2011) la banda no recurre tanto a los ritmos reggae ni a los instrumentos de viento y da máspreeminencia a sus guitarras. Los temas transcurren suavemente con muchas acústicas, o a veces con más electricidad de por medio, pero siempre con ritmos agradables al oído, muchos coros y estribillos que atrapan y enamoran en su primera escucha. Sus melodías están hechas con sencillez, humildad y sin avergonzarse de ello; transmiten inmediatez, pureza… y realmente tienen algo que te hace sentir bien al escucharlas.
Sólo tenéis que ver el fantástico vídeo protagonizado por un peluche azul para quedar seguramente prendados por su música. Y es que ese Tell Me Somenthing I Don’t Know, es una maravilla. Una de las mejores canciones del año.
Incluso, puestos a leer, he leído comentarios que hablan de Herman Düne como una de las mejores bandas del mundo… ¿Es para tanto? Seguramente sea un poco exagerado, pero os puedo asegurar que tienen momentos de inspiración en su obra que me han hecho pensar un poco en esa pregunta…
Nos complace recibir hoy a una de nuestras bandas favoritas de los últimos años: The Ladybug Transistor. Los de Brooklyn llevan quince años haciendo enormes discos, grandes canciones y elaborando preciosas melodías, siempre a la búsqueda de la canción perfecta.
Regresan después de 4 años con este Clutching Stems (2011) y, de nuevo, con cancionesPOP absolutamente magistrales, como lo es la misma Clutching Stems o la maravillosa Oh Cristina, por destacar las que más nos han impactado en las primeras escuchas, si bien el tono de todo el disco es muy compacto y en general está realmente muy logrado.
Parecen seguir, como nos gusta decir por aquí, a la búsqueda de la canción perfecta y no deben de saber que ya la encontraron varias veces antes en su ya larga trayectoria de 15 años y 7 discos… y mejor que así sea, que la sigan buscando y nos continúen ofreciendojoyas como estas, aunque espacien sus trabajos algunos años. No nos importa, sabemos esperar...
Clutching Stems no puede empezar mejor, y es que el tema que abre, y da título al álbum, es una de las mejores canciones pop que hemos degustado este año; siendo un tema sencillo, sin muchos alardes, tiene un toque melódico y un punto realmente vibrante, con una gran interpretación por parte de Gary Olson, una de las voces masculinas con mejor timbre del pop actual. Sólo los grandes cocineros del pop saben extraer esos toques de su talento y convertir lo sencillo en emocionante.
Aunque quizá mucha gente no conozca a Ladybug Transistor, nosotros hemos de hacernos eco y reivindicar su obra desde aquí, porque nos han ofrecido a lo largo de su carrera enormes discos y que ningún amante del buen pop debería obviar. Es uno de los sentidos que tiene este espacio y, si alguien puede descubrir algo nuevo que le emocione gracias a nosotros, nuestro trabajo habrá merecido la pena.
Esperamos que los disfrutéis tanto como nosotros, y sentimos sana envidia por aquellos que aún no los hayan descubierto,porque les quedan apetitosos pasteles por degustar.