
Hace ya algunos años escuchaba el disco
The Albermale Sound y descubría así a
The Ladybug Transistor, nuestros visitantes de hoy en
EL BOSQUE. Recuerdo que, mientras escuchaba la canción
Today Knows, lo primero que se me vino a la cabeza fue:
“Qué maravilla…¿Cómo he podido vivir yo si conocer esto antes?”. Y hasta la portada del disco me parecía preciosa y en esa línea de arte pop que tanto nos gusta por aquí…
En mi mente se agolpaban las mayores exquisiteces de aquél pop psicodélico de finales de los 60, pero con un sonido más actual y una voz, la de
Gary Olson, adictiva, hipnotizante y que brillaba con luz propia por encima de toda aquella hermosa instrumentación. Quizá, junto a
John Grant de
The Czars (otros que habrán de visitar este espacio), sean mis voces masculinas actuales preferidas.

La historia de
The Ladybug Transistor comienza en
Brooklyn (Nueva York), a mediados de los noventa. Empiezan con
Marlborough Farms (1995), que se tituló como la ya legendaria casa victoriana que es cuartel y estudio de la banda. Fue un proyecto en torno a
Gary Olson en colaboración con algunos amigos.
Fichan después por el prestigioso sello
Merge Records (Arcade Fire, Magnetic Fields, East River Pipe, Dinosaur Jr.,...), el cual publica su siguiente álbum:
Beberley Atonale (1997), un gran disco de aires puramente psicodélicos, muy sólido y con mucha pegada. La cosa marcha, va a más y fue entonces cuando
The Ladybug Transistor se convirtieron en una verdadera banda -casi en una pequeña orquesta- con los hermanos
Jennifer y Jeff Baron, Sasha Bell, San Fadyl y Julia Rydholm, eran ya un sexteto y lo mejor estaba por llegar. Nos dejan entonces joyas como el mencionado
The Albermale Sound (1999),
Argyle Heir (2001) y el homónimo
The Ladybug Transistor (2003), discos en los que fueron desarrollando y consolidando su particular estilo. Varios de los músicos integrantes de la banda se alternaban en las tareas de composición e interpretación. Cada vez sonaban mejor…
El pop con originales raíces psicodélicas, más oscuro, y con más “toques guitarreros” de sus comienzos, se iba aclarando y evolucionaba hacia sonidos cada vez más preciosistas, con gusto por lo instrumental, con ligeros arreglos jazzies, con coros, teclados, vientos y cuerdas. Atmósferas instrumentales sobre las que flota la voz de
Gary Olson con aplomo, mientras un manto de guitarras hace el resto.
Crecidos los componentes de la banda, varios de ellos trabajan a la vez en proyectos paralelos:
The Essex Green (que tienen tres preciosos discos de pop-folk),
The Sixth Great Lake (de corte más country-folk de raíces) e incluso Sasha Bell hacía su propio proyecto personal bajo el nombre de
Finishing School. Quizá por todo ello, en su penúltimo disco
The Laduybug Trasnistor (2003) se denota un sonido algo diferente, más directo y homogéneo, una vuelta a la las guitarras sin descuidar los arreglos instrumentales; se perfila, en fin, una nueva etapa más claramente bajo la batuta de
Gary Olson.

En 2007, precedido del magnífico EP
Here Comes The Rain, llega el que hasta ahora es el último disco de la banda,
Can't Wait Another Day, que viene a afianzar aún más el sonido del anterior disco y en él
The Ladybug Transistor avanza unos pasos más allá en la búsqueda del pop perfecto.